Cuando ya no estás ahí. #másalládeldolor

Han pasado cuatro años y medio, hay tiempo de pormedio y no quiero sonar pesimista pero te aseguro que el tiempo no es sabio ni lo cura todo.

El tiempo no es filósofo, maestro ni doctor, el tiempo sólo es tiempo y se reduce a segundos, minutos y horas que a su vez se transforman en días, meses y años; en lo personal en cuatro ños, seis meses, tres días y doce horas de distancia al momento que escribo de aquel día en que el mundo se nos volteó de cabeza, de que nos quebramos en pedacitos.

El tiempo no es una varita mágica que se lleva el dolor, lo que sí nos regala el tiempo son períodos o momentos  para trabajar nosotros mismos en él, de vivir en plenitud el proceso de reconstruirnos, remendarnos, de unir los pedazos.

Últimamente la redes sociales me sugieren echarle el ojo a  mis recuerdos, el verano pasado me recordaban de los pocos detalles registrados del embarazo de los cuates ¡grandes tesoros! la verdad puedo decir que ya no me duele ver esas fotos. Por estos días me traen de vuelta mis primeros escritos, esas palabras que eran una mezcla de dolor, amor, ira y lo que quedaba en medio de ellas. Al leerlos con tiempo de distancia me doy cuenta de lo mucho que he avanzado en todo esto del duelo.

En letras ha quedado plasmado mi camino con ellos pero sin  ellos, los relatos de las ausencias más presentes en mi vida, la historia contada a suspiros entre comas y puntos de mis cuatitos bellos. Cada llanto, cada momento agridulce o amargo, cada respiro lleno de dolor punzante, de ese que te quema quedó escrito. Palabras clamando por respuestas al sinsentido, maldiciendo en lo que se transforma la vida después de la muerte, también desolación y dudas, cuestionamientos y catarsis hasta llegar al presente. Mentiría si digo que en un inicio no hubo momentos en los que la risa, el amor y rastros de felicidad quedaron entremezclados.

Sentada frente a la pantalla solo puedo escribir que más allá del dolor sí se puede vivir.

Lo que parecía no tendría fin está acabando, y no me refiero al duelo por que aún me falta remendar lo mejor que me salga mi maltrecho corazón, pero lo que quedó atrás es ese dolor pesado, ese dolor que quema, que lastima, ese que parece que nunca acabara sí lo hace, las flamas desbocadas se apaciguan y de entre las brasas empieza a salir el calorcito del amor, ese calor que reconforta en los días fríos, que agrada pero que ya no quema. Que abraza, que es cálido y rico. Amor, su amor, el amor que dejaron regado a su paso, ese amor con el que fueron concebidos y acunados. Simplemente amor.

No quiero arruinarte el final de la historia pero todo va a estar bien, vivir el duelo es una experiencia tan íntima y personal, es diferente como cada persona pero lo que sí puedo decir es que todo ese dolor tan insoportable y desgarrados se calmará. A lo mejor ahorita no me lo crees y esta bien, si hubiera leído esto hace cuatro años ni yo me lo creería. Tienes que vivir todo lo que estás viviendo, tienes que llorar cada lágrima y respirar pesado, tienes que cuestionar, maldecir. También reír y saborear una buena carcajada cuando la ocasión lo amerite.

Llegará el día en que simplemente vas a voltear atrás, verás todo lo que has avanzado y te darás cuenta de la hermosa persona que estás reconstruyendo, vas a sentir a tu bebé muy dentro de tu corazón y estarás muy lejos de ese dolor que quemaba, te darás cuenta que simplemente ya no estás ahí.

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