Lo que descubrí que está más allá del dolor.

Más allá del dolor está la eternidad. Y no me refiero a la vida eterna en el cielo ni a la concepción del “descanso eterno”. Más allá del dolor está la eternidad porque el amor real es imperecedero. Más allá del dolor está la eternidad porque, si el dolor es una niebla densa que por momentos cubre todo, la eternidad es tu sonrisa de niña asomando pura y libre tras ella.

Este año será el cuarto desde tu partida. Hace seis meses nos acompaña el arcoíris, tu pequeña hermana que ha logrado -sin proponérselo y sin que ese sea el objetivo de su existencia- traer la felicidad de vuelta a nuestro hogar. Poco a poco hemos ido acomodando nuestra carga, ajustando nuestros corazones a la historia que nos tocó vivir, y agradeciendo las maravillas que a diario la vida nos regala. Ya casi no lloro (sólo lo hago ante estímulos y recuerdos puntuales) y puedo hablar de ti sin sentir que mi alma se desmorona.

¿Que te he olvidado? Eso es imposible. Quizás muchos lo pensarán, ahora que me ven abocada al cuidado de tus dos hermanitas, en especial la menor. Ya no siento esa necesidad imperiosa de gritar al mundo tu existencia; tu luz brilla en mi corazón y para mí es suficiente. Lo que pocos saben (únicamente quienes realmente me conocen) es que a diario te pienso, a diario te siento, a diario te amo con la vida y te sigo amando sin pausas.

Más allá del dolor está la posibilidad de volver a ser feliz, la que requiere siempre –ineludiblemente-del paso previo de sanar. Sanaremos antes o después, sanaremos un año o diez años después de la muerte de nuestros hijos, pero hemos de sanar para volver a ser felices, no hay otro camino.

Sanar no es olvidar, al contrario… sanar es grabar a fuego el nombre de nuestros hijos en el corazón, tan intensamente que ya no hay miedo de que algo o alguien lo arranque de nosotros. Sanar es sentir paz en el alma, es tener la absoluta certeza de que la muerte no logró separarnos de nuestros hijos (más aún, es entender que la muerte nunca tuvo ese propósito: simplemente ocurrió, como parte de la vida, como un ciclo infinito en el que, en realidad, nunca nos vamos por completo, sino que pertenecemos por siempre a este tejido llamado existencia)

Más allá del dolor está mi familia, están mis amigos. Más allá del dolor estoy yo, con ganas de vivir, con el deseo vehemente de seguir viviendo por ti y de que tú vivas a través de mí, con la seguridad y la felicidad de saberte a nuestro lado, de sentirte como parte innegable de nuestro hogar.

8 comentarios en “Lo que descubrí que está más allá del dolor.

  1. Que hermoso leer estas palabras hoy justo cuando se cumple el primer año de la partida de nuestro bebé. Gracias por compartirlo y darme esperanza de qué hay algo más allá del dolor, no sé cuando sanaré pero estoy en el proceso y mi hijo está grabado en mi corazón para siempre.

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    • Me alegra haberte dado una pequeña cuota de esperanza con mis palabras, Irma. Te envío un gran abrazo en este día y la convicción de que tu hijo te acompaña siempre.

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    • Un gran abrazo, Lisbeth. Sin importar cuánto tiempo vivieron físicamente nuestros hijos, es hermoso tener la certeza de que sus almas nos acompañan a diario y para siempre

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