Aprendiendo a renacer… #reconstrucción

Han pasado 1 año, 4 meses, que justo se cumplieron el 24 de marzo pasado, todo ese tiempo ha transcurrido desde aquella tarde en que mi amada Camila voló de mi vientre al cielo.

Recientemente, durante mi terapia con la tanatóloga, me percaté de una cosa: me “salté” etapas de mi duelo por la muerte de mi hija, no lo estoy viviendo completamente.

Fue entonces cuando decidí que me iba a permitir vivir mi dolor, mi duelo completamente en libertad.

Afortunadamente me dí cuenta de ello a tiempo y gracias a la sesión de terapia, llegué a la conclusión de que no he transitado mi duelo como debe ser debido a que surgió una especie de “presión” por parte del padre de mi hija para no llorar más, para dejar de sufrir, y salir adelante.

Gracias a la doctora, me dí cuenta que a la persona que debo poner en primer lugar SOY YO MISMA, así que por esa razón es que me daré el tiempo que haga falta para sanar mi dolor, para transformarlo, para vivir mi duelo.

Solamente así, es como voy a lograr salir adelante, sanarme y llegar al punto clave al que este escrito me trae hoy: RECONSTRUCCIÓN.

No puedo decir, ni mucho menos afirmar que ya estoy reconstruida pese al tiempo que ha pasado.

La ausencia de mi hija nunca dejará de doler, ella nunca dejará de hacerme falta, no habrá día en mi vivir que no imagine su carita, sus ojos, su voz o su sonrisa, lo único que me consuela es saber que ella no morirá mientras yo la mantenga viva en mí.

Me encantaría ser un oráculo y tener la respuesta para saber cuándo terminará mi duelo y podré reconstruirme.

Sé que la única respuesta, la única certeza aquí, es la que yo misma me doy cada día al levantarme de la cama para luchar por mí y por Camila, para ser una mejor mujer.

Ahora que sé la atención e importancia que debo poner al hecho de vivir mi duelo completamente, y lo haré, por mí, por la memoria de mi hija, de esa hermosa niña que acompaña mis pasos y guía mi sendero iluminándolo de amor.

He de confesar que siento un profundo e inmenso pesar por no saber definir ahora la palabra RECONSTRUCCIÓN, pero, si me permiten ser sincera, en este momento de mi vida ¡¡¡no sé que es eso!!!

Desgraciadamente, no he permitido a mi alma y mi corazón transitar el duelo como ambos lo merecen, así que, me toca hacerme responsable de esa decisión y afrontar con valentía, pero sobre todo con mucho amor cada día de este proceso que viene para mí.

Hay algo que me hace feliz cada vez que lo imagino y lo decreto en mi cabeza: la idea de ver y sentir a una nueva yo, una mujer sin miedo, sin dudas, ni inseguridades.

Una mujer que aprenda día con día a amarse, a quererse y valorarse, que aprenda a tener la confianza y la certeza de que no existe amor más grande en el universo, en su aquí y ahora que ella misma; además de una hermosa niña en el cielo.

Sobre todo, ver en el espejo a una mujer APRENDIENDO A RENACER de las cenizas, como lo hace el ave fénix, o desde el agua como la flor de loto, a una mujer que se enamore de sí misma con cada respiro que da, con cada latido que su corazón le conceda.

Gracias a todas y cada una de las personas que se toman el tiempo de leer mi escrito, debo terminarlo ahora, pues sino, las lágrimas no cesarán de correr por mis mejillas.

Gracias eternas, y me prometo ir hacia adelante para conseguir mi victoria, MI RECONSTRUCCIÓN.

 

 

 

 

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