Siete años incompleta… y aun así, entera

 

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Mi pequeña María:

Ya sé que no volveré a verte en esta tierra. Hay quien espera que el alma de su hijo muerto regrese en otro cuerpo, quizá en el de un hijo nuevo, pero yo sé que no es así. No en nuestro caso. Tú fuiste una persona única, y no volverás a estar aquí, al menos no físicamente, por mucho que te extrañe.
Nuestro tiempo era ese 2010 y no pudo ser.

Eso no significa que no te tenga conmigo, aquí, en ese hueco de mi corazón tan maltrecho que sigue albergando tu recuerdo. Y me has dado señales (aunque no las suficientes, debo confesar) de que estás aquí, al pendiente de nosotros, pero… ¡Qué más hubiera querido que tenerte no sólo en alma sino también en cuerpo!, poder abrazarte fuerte, cepillar tu cabello, pelearme contigo porque no quieres comer… Y reírnos como locas por tonterías.

Pero me he acostumbrado a vivir sin ti en esta tierra. Suena duro, pero así es. De algún modo he logrado pasar siete largos años, y en algún momento pasé de sobrevivir a VIVIR, así tal cual, en mayúsculas, con todas sus letras. Y lo digo con orgullo porque sí que me ha costado. Y aunque la mayor parte del tiempo es así, también hay días malos, muy malos. Lo bueno es que ahora sé que son sólo momentos (y que es normal) y que no por eso perdí esta batalla.

En estos siete años descubrí que un ser humano puede vivir con sólo media alma y medio corazón. ¿Quién lo hubiera creído? Uno tiene que aprender a hacerlo. Es eso o morirse. Y sé que a ti no te hubiera gustado que decidiera irme contigo, a pesar de que eso es justo lo que quería hacer, muy al principio.

Entonces aprendí a vivir en mi nueva realidad. Una realidad que no incluye tu cuerpo, pero eso es bueno de algún modo, porque en donde yo esté, y esté haciendo lo que esté haciendo, ahí estás tú.

Sé que no seguiste creciendo allá donde estás (como hay quien cree que sí), porque esas leyes biológicas no tienen sentido en tu nuevo estado. Serás eternamente una bebé que se quedó detenida en esos cuatro meses y medio de gestación. Pero cuando veo niños de la edad que tendrías, no puedo evita sentir nostalgia por todos los “hubiera” que nos fueron negados. Mi vida, estarías tan grande ahora. Tendrías casi siete años.

Y aunque la vida física solo la disfrutaste un pequeño momento en el tiempo, el seguir juntas se nos otorgó de otra manera, mi niña hermosa. Antes te dije que es posible vivir con media alma y medio corazón. Ahora entiendo que es porque tu alma y tu corazón, que siguen viviendo en mí, completan los míos. Esa debe ser la razón por la que sigo viva.

Y seré feliz, siempre que pueda. Por ti, por tu papá, por tu hermano, por toda la gente que esperaba tu llegada. Pero sobre todo por mí.
Y también lloraré y estaré triste cuando tenga que estarlo. Y eso no tiene nada de malo.

Siete años han pasado. Sé que tú estás bien. Sé que nosotros estaremos bien, totalmente. Y sé que nos encontraremos, allá, en el cielo, plagado de nubes esponjosas y estrellas brillantes. Sea cuando sea que eso tenga que pasar.

Te ama eternamente, tu mamá.

* Para mi hija, María Miranda S. ( Marzo 26 – 2010 ) y todos esos papás que están empezando este triste camino. Se puede trascender el dolor. No lo duden nunca.

2 comentarios en “Siete años incompleta… y aun así, entera

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