Mi vida sin ustedes, Tomas y Santiago| de nuestras seguidoras

Hace 7 años se inició una vida nueva, un matrimonio que buscaba ser familia, y buscó hasta encontrarse con dos semillitas en la panza de mamá, un día de mayo nos confirmaron que serían dos bebés, después de varios test y un fallido examen de sangre, ahí estaban.

Con 8 semanas de gestación, se manifestaron en un ultrasonido que aún guardo como uno de los tesoros más grandes, por primera vez seríamos padres y por primera vez oíamos sus corazones, tan claro y tan puro sonido que fue la música que sonó en mi cabeza por muchos días, y aún la recuerdo. Así rápidamente fueron creciendo, era la mejor situación para un embarazo múltiple, ambos tenían un saco y una placenta, por lo que era muy poco el riesgo que corrían, mi panza pronto creció hasta llegar a la semana 19.

Ese día me levanté como todos los dias para ir a mi trabajo, pero algo en la ducha me indicó que estaba pasando algo… ellos querían nacer.
Mi doctora me evaluó, me envió de urgencia a mi ciudad natal con mi médico de cabecera, el diagnóstico: incompetencia cervical. Llegué a la clínica en el asiento de atrás del auto de un amigo, me recibe mi medico y me dice que haríamos lo posible por rescatar este embarazo tan deseado, a estos niños esperados por tanta gente. Esto significó pasar por quirófano, una amniocentesis y 4 semanas de reposo.
Todo esto para que un día de agosto el cerclaje se rompiera y naciera mi Tomás Ignacio, no tenía líquido en su bolsita, no pudo aprender a respirar, con 22 semanas, se me iba. Lo besé, lo acaricié y le dije lo mucho que lo amaba, “Adios chanchito”, le dije, y se lo llevó la matrona que me ayudó a bautizarlo y darle el nombre que siempre quise para mi primer hijo. Santiago no se dio cuenta, el seguía ahí, luchando por quedarse, con más espacio para crecer, una panza para él solo. Pero decidió seguir a su hermano dos días después, nació, lloró, lloré, lloramos los tres. Su papá lo tuvo en los brazos hasta que su corazón dejo de latir, y nuevamente ” Adios mi chanchito”, ese beso en sus frentes frías, en sus cabecitas, aún lo siento en mis labios.

Nada se compara a lo que sentí, a lo que siento cada vez que los recuerdo.

Ya habían cumplido 6 años, no hay día de mi vida en que no los recuerde y sienta ese vacío de la ilusión rota y de la inocencia perdida.
Después de dos años decidimos que intentaríamos otra vez, y un día de diciembre mis gemelos me visitaron en un sueño para decirme “Mamá, estás embarazada”, incrédula, fui al examen de sangre que me dijo que era verdad, real, no un sueño, ahí estaba mi tercer hijo con poco más de dos semanas de gestación.

Ahora es quien alegra mis días contándome que sus hermanos juegan con él, que aun cuando no los puedo ver, están siempre con nosotros.
Mirar al cielo significa mirar al infinito, como el amor, la eternidad del amor de los padres a los hijos, en la tierra y en el cielo, mirando al cielo siento que los veo sonreir, y desde allá me miran, me cuidan, me han ayudado a sanar. Jamás me olvidaré de ellos, los llevo en la piel, tatuados para siempre. Besos al cielo.

Escrito por Gaby, mamá de Tomás y Santiago.

 

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