10 años de eternidad

Pequeño del alma mía, los años van pasando sin poder frenarlos como agua de río. Ya van 10 años.

Este año al principio asustaba, la primera década, la primera vez que el año acababa en el mismo número, pero nada ha pasado, sólo hay paz, paz absoluta…

Dudé hasta si escribirte mi dedicatoria anual, ya no hay palabras, ya está todo dicho y repetido, ya no hay necesidad.

Parece que sí es verdad que el tiempo cura las heridas y yo he tenido 10 años, 3650 días de curas, litros de lágrimas han limpiado amorosamente mis heridas evitando que se infecten, suspiros que las han ido secando, recuerdos que las han ido cosiendo cada vez que han querido reabrirse, palabras que las han cicatrizado, mis heridas están curadas, tú las has curado.

Si me paro y miro atrás, siento hasta cierta melancolía, melancolía por aquellos primeros años en los que era toda palabra, donde la necesidad apretaba, el amor se escapaba por los poros de la piel dolorosamente y las palabras salían desbordadas, mezcladas con mil lágrimas, palabras y lágrimas imparables…

Melancolía por aquel tiempo donde si necesitaba llorar, lo hacía, y era reparador. Ya no lloro, quizás puntualmente, fugazmente, pues sigo siendo madre, pero ya no me siento incompleta, estoy completa y tú eres una de las piezas que me forma, ¡una de las tres más importantes que me forman!

Los años anteriores, los días antes de tu cumpleaños eran duros, me preparaba para el gran día, andaba triste por los rincones, era un alma en pena, oscura, vacía, esperando la dureza de ese día, y luego el día pasaba bastante tranquilo, nada de lo esperado aparecía. Este año ha sido diferente, nada he esperado, mis días han sido como todos, sin preparación, quizás voy demasiado cansada, quizás el arcoíris que me enviaste brilla como lo que es y vuela igual de alto envolviéndome en sus sueños, quizás la más pequeña de tus hermanas arrasa mi mundo con su espontaneidad, como soplo de aire fresco que es, quizás simplemente han pasado 10 años…

10 años sin soplar velas, 10 años sin regalos ni risas nerviosas abriéndolos, 10 años de reconstrucción continua donde las lágrimas se convertían en risas sinceras, donde la felicidad ha explosionado sin remedio pero sin olvidar. Porque no olvido (ni quiero, ni puedo), nunca lo haré, eres mi primer hijo, el mayor, mi bebé eterno, mi niño, el que me dió el título de madre.

Hoy no estoy triste, no puedo estar triste cuando has sido y eres algo tan grande en mi vida, tu recuerdo es imborrable, tu cara perfecta, tu peso en mis brazos, ahora sé que todo esto siempre estará en mi mente, en mi corazón y en mi piel. Mi amor por tí sigue creciendo sin remedio y nadie puede ponerle freno. ¡Todo mi ser te nombra en un grito de vida!

Feliz décimo cumpleplumas cielo mío, feliz cumpleaños a la mamá que nació aquel 14 de mayo de mí. Hoy mi latido es el tuyo más que nunca, ¿mi regalo? todo mi amor, el más puro, el más fresco, el que tú me enseñaste.

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