Soy tu mamá Laura | #madreaunquenoesté

 

– Adaptación de un escrito de Laura Barrera para Lola –

 

Hay algunos días que ser tu mamá es lo más fácil que existe en este mundo.

Como esas mamás cuando juegan con sus hijos o les enseñan canciones o los bañan y visten para salir o los acurrucan con ternura en sus brazos para dormirlos…

Hay otros días que ser tu mamá es lo más difícil del mundo.

Como esas mamás cuando pasan la noche entera despiertas porque tienen a un hijo enfermo o se quedan en vela, preocupadas por tener que atender ciertas necesidades y no tienen económicamente cómo resolverlas o como las que tienen a los hijos viviendo lejos de casa y se angustian por saber si pasan el día bien, si comen, si no corren peligro andando por la calle…

Hay días que ser tu mamá es duro, realmente muy duro.

Como cuando abro el closet y me encuentro con ese bolso color azul cielo lleno de ropa nueva o cuando veo a una niña de tu edad de lo más coqueta con su cintillo en la cabeza o abrazando y besando enternecidamente a su mamá o cuando me toca escuchar a alguien quejarse de su maternidad porque no le queda tiempo para nada más o cuentan con orgullo las cosas que hacen sus hijos y yo debo hacer de tripas corazón y fingir que presto atención y me interesa que me cuenten todas esas cosas que me cuentan…

Hay días que ser tu mamá duele, duele en todas las partes de mi cuerpo.

Me duele la cabeza de tanto pensar, me arden los ojos de tanto llorar, me da carraspera en la garganta y quedo afónica de formular cientos de preguntas a las que nadie da una respuesta, se aflige mi corazón por tener millones de sentimientos encontrados, me duelen los brazos por no poder acunarte, me duele el vientre por sentirlo vacío, me duelen los pies porque hacia donde quiera que camino hay alguien o algo que me hace recordarte y extrañarte…

Estoy aprendiendo a ser tu mamá. Cada día. Como lo hace cualquier mamá. Todas las que se han convertido en mamá coinciden en que su vida cambió después de tener a sus hijos: que si tuvieron que dejar de dormir hasta tarde, de rumbear, comenzaron a madurar, a priorizar… Y así, cada una dice algo igual o distinto. No soy la excepción, mi vida también dio un giro después de ti hijita. Y, he hecho cosas buenas como mamá, pero también he cometido mis errores, como lo han hecho todas las mamás. Es que los bebés no vienen al mundo con un manual debajo del brazo, con instrucciones que nos orienten sobre cómo actuar, diciendo qué es correcto e incorrecto, no. Y cuando se van sucede lo mismo, o me atrevería a decir que es peor, tampoco te dejan ni una notita contentiva de una instrucción que te diga “cómo se sigue adelante, maternando con los brazos vacíos”…

Tu paso tan rápido como el de una estrellita fugaz pero potente, me transformó, cosa que va más allá de la tristeza aparente que me invade a veces, como hoy por ejemplo…

Te fuiste deMASiado rápido a vivir al Cielo. Tan chiquita y tan resuelta… Podrías haberte ido a Honduras o Colombia, a Italia o a la China, a la luna o a venus… La verdad es que no importa mucho el lugar, sería igual tu mamá, estuvieses en el lugar que fuese, ninguna distancia cambiaría el hecho de que soy tu mamá. Sí, soy mamá, tu mamá Laura. No importa adonde vivas, incluso aunque te me mudaste al Cielo tan pequeñita, tan dulce y bonita, estando tú allá arriba y yo aquí abajo, soy tu mamá…

Te amo y te he amado cada día de estos últimos tres años y siento que te amaré por el resto de mi vida. Te abrazo en silencios que gritan ausencia, te veo en donde no estás, te escucho en las melodías de canciones que llegan a mí y me hacen pensar en ti…

Soy tu mamá y te amo cuando hay sol y cuando llueve, cuando salió el arcoíris y la vida me regaló a tu hermanita Anita y cuando se nubló el cielo otra vez… Así pase esta tormenta y vuelvan a brillar tres arcoiris más, siempre te amo Laura, eres mi primer amor y el primer amor nunca se olvida…

Soy tu mamá, cuando veo a los niños como tú y pienso en qué estarás haciendo… Soy tu mamá al besarlos y amapucharlos entre mis brazos, porque creo que te beso y abrazo a ti. Soy tu mamá al despertar, y dar gracias por una nueva mañana, al encomendar mi día, y te veo  y te bendigo y te doy también los “buenos días”… O por las noches, antes de cerrar mis ojos y descansar, en ti vuelvo a pensar…

Soy tu mamá y hablo de ti y a veces hasta te hablo a ti… Recuerdo como llorabas el día que naciste y vuelvo a llorar… Me pregunto si me miras y me oyes, si le pides a Dios que me pueda consolar y si lo abrazas muy fuerte dándole las gracias, cuando finalmente llena mi alma de paz…

Soy tu mamá, desde que Dios empezó a formarte en mis entrañas y lo sigo siendo ahora viviendo en la distancia, y por sobre todas las cosas lo seré durante toda la eternidad; porque la maternidad no distingue entre la mujer que tiene a su hijo físico viviendo con ella y las que lo tenemos en el Cielo, una vez que una se convierte en madre (y eso es desde el mismo momento que se tiene ese “positivo” en la mano) la vida se transforma y ya nunca más vuelve a ser la misma. Siento que exactamente aplica igual para quienes experimentamos la partida de un hijo, así haya vivido aquí 29 semanas, 29 meses o 29 años… Siempre, siempre, siempre voy a ser tu mamá Laura.

¿Acaso puede una mujer olvidarse del niño que cría o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque  alguna lo olvidase, ¡YO NUNCA ME OLVIDARÉ DE TI! (Isaías 49,15)

PD : Gracias LM por insistirme en reconocer y trabajar “mi maternidad”.

Por Mariaolga Rojas Ramírez, mamá de Laura y de Ana

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