3 años llenos de añoranza

Lunes 26 de Mayo de 2014, 9:55 de la mañana… Un llanto suave, similar al sonido de un gatito, cubría cada rincón de aquel pabellón. Ese simple gesto, tan común para un bebé recién nacido, me indicaba que tú no serías como cualquier bebé. Los médicos habían dicho que lo más probable era que no lloraras, pero tú, valiente como pocos, les demostraste que estaban equivocados. Fueron breves segundos de escuchar esa dulce melodía, segundos que mi mente atesora como la más valiosa posesión. Siempre he creído que ese llanto fue tu forma de saludarme, de saludarme y de decirme adiós.

Te llevaron rápidamente lejos de mí. No pude ver esa carita con la que soñé durante 38 semanas. Me habían explicado que así sería, pero vivirlo en primera persona era muy diferente a lo que mi imaginación había logrado crear, como antesala a lo que íbamos a vivir. Fueron horas de completa angustia e ignorancia, sin saber que ocurría, cómo estabas, qué pasaría. Gente entraba y salía. Logré conocerte a través de unas fotografías que tu papá tomó escondido. Me costó creer que ese bebé que se veía tan grande, había estado dentro mío hasta hace solo unas pocas horas atrás.

Por alguna extraña razón que desconozco, me mantuve calma. Me inundaba la sensación de que todo estaría bien. Quizás mi corazón de madre, en un desesperado intento por materializar aquella verdad, insistía con que no había nada de que preocuparse, como si sentirlo hiciera que así fuera. Pero mi instinto de madre falló…

Pasadas 14 horas desde tu nacimiento, como el niño grande que creí haber visto en fotos, solito alzaste el vuelo. No estaba ni tu madre, ni tu padre, ni nadie de tu familia a tu lado. Te abriste paso solo, cual gladiador llegando a Elysium, como el gran guerrero que fuiste. Bebito virtuoso que estaba destinado a pasar la eternidad en una existencia dichosa y feliz, en medio de paisajes verdes y siempre floridos, tibiecito bajo el sol.

Por mucho tiempo me atormentó la culpa por no haber estado a tu lado, me preguntaba si mi niño habría tenido miedo cuando se dio cuenta que la vida se le iba y que comenzaba su viaje hacia la eternidad. Hoy comprendo que nunca fuiste como los otros niños, que venías destinado a sobresalir del montón. Que esas 14 horas fueron calculadas segundo tras segundo, porque las almas como las tuyas no necesitan una vida entera para marcar la vida de otros. Que hay personas que viven 100 años y aun así no viven realmente, más tú solo viviste 14 horas y has vivido una eternidad.

Thomas del alma mía, mi amado bebé… Hoy se cumplen 3 años desde esa breve visita, 3 años desde el momento en que me coronaste con el mejor de los títulos: ser tu madre. Han sido 3 largos años, llenos de aprendizaje, llenos de tristeza, llenos de añoranza. Hoy te escribo mucho más repuesta que años anteriores, pero aún con este vacío que nadie ni nada podrá llenar. He aprendido como he podido a ser tu madre a distancia, a mantenerte cerquita mío. A honrar mi realidad porque es la única que tenemos. Aunque otros quizás no puedan entenderlo. Porque ya tuve que renunciar a tu cuerpecito, ya me tocó renunciar a tenerte a mi lado, pero por nada del mundo renunciaré a ser tu mamá. Cuando te tuve en mis brazos, y vi ese rostro dormir plácidamente, parte de mi murió también. Me vi obligada a renacer, a cambiar viejos hábitos, viejas formas. Me vi obligada a seguir caminando a pesar de que en ese mismo momento entendí que cojearía toda la vida. Pero tu amor ha sido tan sublime, tan puro, que me ha levantado y me ha ayudado a seguir. No puedo decir que soy una mejor persona que antes, pero si puedo decir que he tratado de serlo. No puedo decir que soy una súper mamá, pero si puedo decir que he tratado de serlo. No puedo decir que has dejado de dolerme, porque sería mentirte a ti y a mí. Pero si puedo decir que he tratado de que tu existencia sea una bendición y no una tragedia.

Mi amado bebé eterno, rizos cubiertos de oro, piernas gorditas de campeón… Hoy que cumples 3 años, 3 años conmigo y sinmigo, te agradezco por haberme elegido a mí para conocer el mundo. Gracias por todo lo que has obrado en mí y a través de mí. Gracias por enseñarme lo que quizás en mil vidas no hubiera aprendido. Gracias hijo por regalarme ese llanto de gatito, que mi mente atesora como la más valiosa posesión. Que el cielo entero te celebre hoy día, mientras corres contento más allá del sol. 

Gracias, porque tus pequeños pies han dejado grandes huellas.

Feliz cumpleaños, mi amado Thomas ❤

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