Hola, culpa

En el último mes, mi arcoíris se ha enfermado dos veces. Agregado al sentimiento de angustia por ver que mi bebé lo pasa mal, está la culpa –siempre esperando su momento para aparecer- principalmente relacionada con tener que dejar a mi tesoro más preciado en la sala cuna para poder trabajar.

En ese contexto, más de una querida amiga me dijo: “¡Chao, culpa! No te sientas culpable, no sirve de nada. Es tu realidad y la de muchas mamás, son cosas que pasan”. Y claro, comencé a analizarlo… efectivamente, la culpa no me sirve, no resuelve nada. Efectivamente, es mi realidad y no puedo cambiarla por ahora, así como tampoco pueden hacerlo miles de mamás. Efectivamente, son cosas que pasan, los niños se enferman y van generando defensas. Efectivamente… pero no dejé de sentir culpa.

Fue cuando me di cuenta de que existe una tendencia (muy saludable, por lo demás) a soltar las culpas, a eliminarlas de nuestro registro. Una invitación a dejar de sentirnos culpables por aquellas cosas que no podemos cambiar. Lo anterior me parece sumamente positivo; las culpas son una de las ataduras más potentes que nos impiden alzar el vuelo hacia nuestros proyectos de vida, sin embargo, también noté que cuando sientes culpa, la sientes y ya. Difícilmente puedes dejarla ir con sólo desearlo, o tal vez sí puedes, pero a veces no quieres. A veces necesitas sentir profundamente aquello que se ha instalado en tu pecho, para que luego la llama de ese sentimiento se extinga de forma natural.

Cuando sentí culpa por tener que dejar a mi bebé en la sala cuna, causando esto que se enfermara, deseé simplemente ser contenida. No disuadida ni cuestionada, sólo contenida. Y cuando lo comenté con mis amigas, ellas lo entendieron y me contuvieron.

La culpa es una de las emociones recurrentes en el duelo. Probablemente, junto con la angustia, sea una de las más difíciles de sobrellevar; se instala ahí aunque tengamos claro que no somos responsables de la muerte de nuestro/a hijo/a y que nunca quisimos que algo malo le pasara. ¿Podemos, entonces, decir “chao, culpa” tan fácilmente? Creo que no.

Estos casi cuatro años de maternidad dividida entre el cielo y la tierra, me han enseñado que no hay mejor manera de salir a flote que vivir todas y cada una de las emociones que se presentan. Si hay pena, pues se siente pena hasta los límites de la cordura. Si hay rabia, la rabia se apodera de todo hasta consumir ese sentimiento. La única manera de no estancarnos en el dolor es dejar que el dolor transite por nosotros y luego siga su curso. No sirve esquivarlo, ignorarlo u obligarlo a pasar rápidamente; debe, necesariamente, cumplir su ruta.

¿Por qué ha de ser distinto con la culpa? Es saludable liberarnos de las culpas, pero también lo es enfrentarlas, si ya están aquí y no podemos evitar su presencia. Lo importante es, siempre, pedir ayuda cuando sentimos que no somos capaces de salir de ese estado por nosotros mismos.

A las mamás que recién inician este camino y que sienten culpa, les digo: “No tienes la culpa. No es tu responsabilidad lo que ocurrió, pues jamás hubieses querido que tu bebé se marchara. Sin embargo, si sientes culpa no te tortures por ello, no te obligues a no sentirla. Siéntela, llora si es necesario, busca a alguien que te abrace fuerte y te acompañe en el transitar de esta emoción. La única forma de seguir adelante es enfrentar y vivir.”

No nos asustemos de decir “hola, culpa” de vez en cuando. Démosle la bienvenida a esa emoción, dejemos que haga su trabajo. Eso sí, debemos asegurarnos de que su visita no sea demasiado extensa.

2 comentarios en “Hola, culpa

  1. Es tan difícil aveces dejar de sentir esa culpa aun cuando tu consciente sabe que hiciste todo por tu hijo tu inconsciente te dicr que no. Hace dos meses que mi niño se fue y hasta hoy esas culpas no me dejan seguir

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    • Sí, es muy difícil vivir con ese sentimiento a cuestas. Pero créeme que el tiempo ayuda mucho a ordenar la carga con la que tenemos que vivir.
      Te envío un gran abrazo

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