Carta a mi sobrino arcoíris

Emilito, mi Emilito querido, hace ya más de dos meses que llegaste a nuestras vidas para llenarlas de luz. Tu venida fue sorpresiva; ni tu mami sabía que ya habías decidido venir a este mundo a traernos esa paz y esa calma que tanto necesitábamos luego de la tormenta. Te asomaste calladito, y escogiste a esta loca familia que caminaba hace un tiempo con un trocito menos, un trocito menos llamado Thomas.

Tu decisión de venir a este mundo no estuvo exenta de miedos; los fantasmas del pasado nos seguían sin cesar. Había temor, mucho temor de que la historia se repitiera. A la mayoría le costó hacerse a la idea de un nuevo bebé en la familia. No hablaban mucho de ti, no te recibían aún 100% en la familia, como si esa fuera la mejor forma de protegerse ellos y a su vez, proteger a su corazón ante cualquier cosa que sucediera. Después de todo, la familia entera aprendió de la peor manera que las cosas muchas veces no resultan como se planean, y que hay momentos en que debemos desprendernos de todas las ilusiones que albergábamos en el corazón, simplemente porque no se pudo.

Pero yo desde el primer día en que supe que venías Emilito, tuve la certeza de que venías para quedarte. Que la historia no iba a repetirse, que esta vez lograríamos llevarnos a la casa al bebé recién nacido, que esta vez no habría lágrimas, y si las había, serían solamente de alegría.

Muchas veces sentí culpa por haberle dañado la experiencia a tu mamá. Ella, que por primera vez experimentaba lo que era ser madre y llevar vida en su vientre, debió conformarse con sentir miedo durante 9 meses, debió conformarse con que cada ecografía tuya sólo era seguida por medias sonrisas del resto, donde casi nadie preguntaba, porque nadie se animaba a encariñarse con un bebé que nadie sabía si se quedaría…

Y llegaste finalmente, un día 12 de Abril, pesando 4,150 kgs.  de amor absoluto y midiendo 53 cms. de pura dulzura. Inteligente como pocos, decidiste llegar el mismo día del cumpleaños de tu abuelo, y estoy segura que así lo decidiste, pues ya no creo en las coincidencias.

Emilito, mi Emilito querido, trajiste la luz después de la tormenta, pero hoy quiero decirte lo siguiente:

Tú no eres el reemplazo de tu primo, ni tampoco el salvador de nuestra familia. No creo que sea justo poner en un ser tan pequeño tremenda presión.

Tú no eres un premio de consuelo, ni tampoco eres lo que pudo ser con mi Tommy.

Tú no eres el que vino a recibir lo que tu primo no recibió.

Tú eres tú.

Tú eres sueños, vida e identidad aparte. Tú no mereces que se te esté comparando constantemente con Thomas. Y quiero que crezcas sabiendo que a pesar de haber llegado después de su partida, y a pesar de que en la jerga de familias en duelo siempre serás nuestro bebé arcoíris, tú tienes tu propio lugar en la familia.

Crecerás viendo fotos de un bebé conectado a tubos, que adornan las repisas o las mesitas de centro de varios miembros de tu familia. Al principio te será extraño, y con la curiosidad de un niño preguntarás que es eso. Quizás en tu inocencia, indicarás con tu dedito índice la fotografía, diciendo simplemente “niño”. Al pasar el tiempo aprenderás que “niño” es Thomas, y algunas veces te veremos jugar cerca de sus juguetes y te reirás solito. De vez en cuando al dormir tendrás una sonrisa plácida en tu rostro, o muchas veces mirarás fijo a lugares donde a simple vista no veremos a nadie. Irás a cumpleaños de un niño al que con tus ojitos no verás, pero al que ya conoces, puesto que estoy segura de que antes que tu alma bajara a jugar en la tierra, jugaba con la de él allá en el cielo. Crecerás, y sabrás que tienes un primo que jamás crecerá como tú, pero que siempre te hará compañía.

Y entonces, comprenderás que en la familia cada uno tiene su espacio, incluso aquellos que físicamente no están. Comprenderás que el amor existe aun cuando no se vea, y querrás tanto a tu primo como estoy segura, él te querrá a ti.

Y quizás cuando pasen los años, y llegue tu propio momento de ser papá, tendrás un hijo y le pondrás por nombre Thomas ❤

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