Dos años, y amor puro es lo que hay.

Han pasado ya dos años, hijito, y no pensé estar tan serena y llena de paz en víspera de tu cumpleaños número dos, aunque no  niego que guardo esa húmeda nostalgia que se refleja en mis ojos. Hoy te digo con el alma llena de mariposas de colores “feliz cumpleaños”, aunque desearte felicidad está de más, porque tengo la convicción de tu felicidad allá donde te encuentras.

Creo que la difícil misión que me encomendaste al elegirme tu mamá, además de ser un invaluable privilegio, ha sido todo un honor que he tratado de asumir de la mejor manera, porque, como ya he dicho antes, soy tu embajadora y representante aquí en la tierra. Tú estás aquí más vivo que el propio sol, lo especial y único es que mi corazón late por el de los dos.

Hoy vivo con la naturalidad genuina de ser tu madre, hoy encenderé dos velitas y soplaré contigo honrando así tu precioso existir, porque yo no tuve un hijo, yo tengo un hijo que hace parte de mi pasado, mi presente y hará parte de mi futuro hasta el final de mis días. Cada año, de alguna y u otra forma, espero poder honrarte y celebrar tu vida.

He ratificado en estos dos años que no tengo que superarte, olvidarte o callar tu nombre para volver a vivir. En primer lugar, porque no quiero hacerlo, y en segundo lugar porque tú me has sanado con tu angelical perfección. Has suturado mis más profundas heridas y generado un vínculo irrompible con el amor a través de cada cicatriz.

Te extraño, amor mío, elefantito de mamá, te echo de menos y te amo con todas mis fuerzas, y para esto no hay peros ni porqués, amor puro es lo que hay. Eres el milagro que tocó mi vida y ninguna distancia física puede con eso. 

Te doy gracias porque has sido mi maestro por excelencia, me has enseñado lo que no aprendí 29 años atrás; ni en la vida, la escuela o la Universidad. Me enseñaste que uno más uno no siempre es dos, sino 3, 4 o más.  Me enseñaste que puedo ser mejor ser humano aun en medio de un duelo infinito. Me enseñaste que la vida es incierta y que lo realmente importante está en nuestro interior.
Me enseñaste que uno puede desear cambiar todo lo que existe en el universo por un solo minuto más al lado de una estrella fugaz o un hijo amado que se ha marchado pronto.

Te aseguro, pequeño mío, que mientras yo viva tu vivirás y tus piecitos andarán al ritmo de mi corazón y el de tu papá. 

Mis lágrimas brotan en un conjunto de sentimientos que no puedo describir y pienso en que devolvería el tiempo, no para evitar tu muerte, porque aunque quisiera eso ya escrito estaba, sino para que ese día que te sostuve en mis brazos por primera y última vez hubiese quedado grabado en una fotografía, devolvería el tiempo para darte un besito más y para decirle a la muerte en su cara que jamás nos podrá separar.

Un día como hoy, si las fantasías se hicieran realidad, caminaría descalza miles de kilómetros, montaría en un dinosaurio, me metería en el estómago de una ballena, rodearía el sol con mis pasos presurosos para llegar a ti y darte un abrazo tan grande como el universo mismo.

Te amo, Esteban. Feliz cumpleaños, cariñito de mi alma.

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