Cuatro años de amor

Hoy, hace cuatro años, te abriste paso al mundo: pequeña, fuerte y decidida, tu condición no fue impedimento para que llegaras pisando fuerte y marcando las vidas de muchos (incluso desde antes de nacer) con tus huellas indelebles.

Hija mía, pedacito de mi ser, son cuatro años ya. Cada vez es más infrecuente, pero hoy, todavía, a veces por solo un segundo, pienso en tu ausencia y me cuesta respirar. Es increíble notar que, después de todo este tiempo, pude ponerme en pie y seguir caminando, a pesar de mirar atrás y ver todas las oportunidades en las que creí que realmente no lo lograría. Pero todavía duele.

Sí, es duro asumir que un suceso como éste va a acompañarte toda la vida. Con dolor, nostalgia, ternura, incluso esperanza –dependiendo del momento- pero siempre presente, de una u otra forma. Es abrumador; a veces me siento avasallada por esta irrefutable verdad.

Sin embargo, sigo caminando. Con mi pena a cuestas, pero también con toneladas de alegría, con tantísimo aprendizaje que me regalaste, con la sabiduría que intento a diario conservar y practicar.

Emma, mi Emma, pequeña y brillante estrella… he aprendido a vivir sin tu presencia física, pero te confieso que quisiera tanto abrazarte. O, al menos, verte en sueños. Sé –porque lo siento- que jamás te fuiste, que sigues acompañándonos en cada paso. Sé, también, gracias a la generosa entrega de personas que nos han hecho llegar tus mensajes, que estás bien y eres completamente feliz y libre. Lo sé, lo comprendo, pero mi corazón de madre aún se arruga cuando recuerda esos momentos nebulosos, esa última caricia, esa calidez que paulatinamente se apagó… ese instante en que te dije adiós para sumergirme en el duelo y luego reencontrarte al otro lado del túnel.

Te amo, te honro y te agradezco con la vida, por todo aquello que ni siquiera soy capaz de verbalizar en este escrito. Gracias por cada sutil forma en la que te haces presente en mi día a día, gracias por la infinita paciencia, gracias por recordarme que la pena es mía y es por mí, no por ti, y que la pena es buena cuando la dejas transitar y no estancarse como un charco de lodo en el corazón.

Siempre te amaré, mi dulce niña; por favor, no sueltes mi mano. Feliz cumpleaños y gracias por existir, Emma Sofía Esperanza.

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