Carta para mi primer ilusión, a quién no conocí pero amé como a nadie.

Fue un 3 de Marzo de 2017 cuando me enteré que ibas a venir. Me acuerdo con exactitud esa mañana estar en mi trabajo y llamar a la farmacia para pedir que me trajeran una prueba de embarazo. La verdad no se me cruzaba por la cabeza que saliera positivo, pero en el preciso momento en que ví esas dos rayitas, exploté de felicidad. Lloraba, temblaba e imaginaba todas las cosas lindas que se venían. Me miraba frente al espejo y me acariciaba la panza deseando que todo saliera bien. Porque también tenía mucho miedo y, aunque la alegría que sentía en ese momento era todavía más grande, no podía evitar sentirme, también, un poco asustada.
Por la tarde fui a hacerme un análisis de sangre para confirmarlo. Y mientras tanto, hablaba con Papá desde su trabajo para repetirnos cuánto te amábamos sin siquiera conocerte.
Ahora eras lo único que ocupaba lugar en nuestra cabeza. Te imaginábamos, te pensábamos un nombre, te elegíamos padrinos y hasta empezábamos a recibir regalos de las poquitas personas con quiénes habíamos compartido tan hermoso momento. Desde entonces, Papá se recostaba en mi panza y te hablaba cada vez que estábamos juntos. Era un momento perfecto. Lleno de amor y ternura.

El 20 de Marzo tuvimos la primer ecografía. ¡Por fin íbamos a poder verte! Estuvimos esperando casi dos horas hasta que nos tocó entrar. No fue como lo esperábamos. No estuvimos ni siquiera cinco minutos. Nos dijeron que todavía era muy pronto para verte, pero que nos quedáramos tranquilos porque todo iba bien.
Me acuerdo que salí y me invadió un sentimiento de tristeza difícil de explicar. Papá me transmitía tranquilidad, pero yo no sabía cómo soportaría dos semanas más hasta la próxima consulta. Sin dudas, fue el tiempo más largo que jamás sentí, pero todos los días seguíamos cuidando de vos y amándote con todas nuestras fuerzas.

Fue un 7 de Abril cuando tuvimos la segunda ecografía. Recuerdo que estábamos almorzando con Papá en frente del consultorio esperando que se hiciera la hora. Mis lágrimas empezaron a caer. Miré a Papá y le dije que las cosas no estaban bien. No quería que fuera así. Pero cada parte de mi cuerpo manifestaba que la vida estaba a punto de servirnos el trago más amargo que nunca antes habíamos probado.

A la clínica a esperar que nos llamaran. Yo no podía contener las lágrimas. Papá me abrazaba con todo su amor hasta que escuché mi nombre. Y ahí estábamos otra vez, caminando nerviosos mientras secaba mis lágrimas.

Había dos doctores. Ambos se miraban sin decirnos nada. Hablaban entre ellos. Y en ese momento confirmé que todo había terminado (o eso creía). Solo me cayó una lágrima, la limpié rápido, no quería que me vieran mal. Nos dijeron que había que hacer otra ecografía, pero ya había dejado de escucharlos. Salí rápido, corrí por el pasillo, entre al baño y caí de rodillas en el baño con un llanto que no podía frenar. En esos minutos todo lo que había soñado con vos se estaba desvaneciendo. Salí, miré a Papá con el alma rota, y empezamos a caminar… Recuerdo detenerme a una cuadra para abrazarlo casi sin aliento, repitiéndole que no quería más ecografías ni estudios, que no iba a soportar más.
Fuimos a tomar el micro. Papá tenía que volver a su trabajo. Yo quise irme a casa, no quería ver a nadie, no quería que me preguntaran ni me dijeran nada. Solo quería estar sola y tratar de entender al menos un poco todo lo que estaba pasando.
Al día siguiente cuando me desperté y fui al baño, vi un poco de sangre. Nuevamente empecé a llorar y entre lágrimas le escribí a mi obstetra para contarle lo que me estaba pasando. Me dijo que si tenía dolores y aumentaba el sangrado fuera a la guardia de la Clínica, así, sin más. Ni siquiera sabía qué podía pasarme. Creía que no iba a sentir ningún dolor físico. Que pasaría rápido, casi sin darme cuenta. Pero me equivoqué…

Pasé todo el sábado en casa. Hablaba con mi familia y amigos cercanos como si no hubiese pasado nada. Estuve todo el día preparando algunas cosas para el cumpleaños de mi sobrina. Así terminó el día y me fui a dormir.

El domingo me sentí bien físicamente por casi todo el día, pero después empecé a sentirme rara y decidí ir a la casa de Papá. Ahí los dolores aumentaron. Fui a acostarme hasta que él llegara de su trabajo. Pero cuando me despertó, no pude levantarme. Le dije que estaba bien, que solo necesitaba descansar. Se quedó atento toda la madrugada hasta que los dolores se hicieron insoportables. No tenía fuerzas para levantarme. Y aunque no quería y le insistía que estaba bien, me llevó al hospital. No podía caminar, la sangre no paraba. Las contracciones eran cada vez más fuertes.
Moría de vergüenza por estar ensuciando toda su casa, el auto, la clínica… En cuanto llegamos tuve que esperar 40 interminables minutos hasta que llegara la obstetra. En ese momento lloraba, pataleaba y vomitaba del dolor, mientras Papá agarraba mi mano fuerte y no me dejaba sola ni siquiera un segundo.

Después llegó la Dra. y empezaron otros dolores insoportables que, esta vez, eran provocados. Tenían que quitarme lo más que pudieran para después llevarme al quirófano. Pero antes de eso, tenerme durante cinco horas en Maternidad hasta que llegara el momento del legrado. ¿Qué loco, no? Escuchar a tantos bebitos nacer y yo teniendo contracciones para no ver a nadie…

Hacen falta demasiados detalles. Basta con decir que a pesar de tantos dolores que he tenido en la vida, ninguno se compara con ese momento.

Han pasado cuatro meses desde entonces y me sigo preguntando si el dolor alguna vez va a desaparecer por completo. Sigo sin creerlo. Sigo pensando ‘qué hubiese pasado si…’ Y aunque muchas veces me siento culpable por sentirme así, porque yo no pude verte ni conocerte, sé que todo lo que sentí y siento es verdadero, y eso no me lo puede arrancar nadie.

Aunque hayamos tomado caminos diferentes con Papá, nuestro amor por vos nos va a unir toda la vida. GRACIAS POR HABER CAMBIADO NUESTRA VIDA PARA SIEMPRE

Escrito por Andrea Rodríguez

Un comentario en “Carta para mi primer ilusión, a quién no conocí pero amé como a nadie.

  1. Siento que leí exactamente mi historia, no pare de llorar al leerte, lo mío fue hace 3 meses! No hay palabras, nuestros chiquitos nos acompañan siempre de eso estoy segura, un saludo y abrazo muy grande, hermana del mismo dolor…

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