CARTA PARA ANA, MI BEBÉ ARCOÍRIS

 

Querida Ana:

Sí, querida, ¿sabías cuánto te amábamos? ¿Lo sabes, verdad hijita?

Fuiste el deseo que pedí con cada estrella fugaz que vi, con cada velita de cumpleaños que apagué y la intención de cada oración que recé… Esperada con muchas ansias desde antes de nacer, por eso concebirte no fue producto de una casualidad, no, fue un sueño hecho con muchísimo Amor, que finalmente se convirtió en realidad.

Llegaste a mi vida y todo cambió. Justo cuando creí que me moría, sentí que volví a nacer contigo porque la esperanza triunfó y finalmente seríamos una familia con un fruto en la eternidad y otro aquí, junto a nosotros.

Sin embargo, nuevamente sufrió un giro inesperado nuestra historia…

Siempre quisimos ser tus padres. Soñábamos con verte crecer y convertirte en una niña de bien… Por eso tu papá y yo hicimos humanamente todo lo posible – y yo me atrevería a decir que hicimos hasta un poquito más de lo que podíamos – para que tu embarazo no se viera afectado por nada… Hicimos todo lo que pudimos Ana, TODO, ¿te consta, verdad mamita?

Quiero contarte sobre este tiempo.

Han sido 365 días muy extraños hijita. Unos realmente MALOS (así en mayúscula sostenida), algunos regulares y otros, muy a mi pesar, absurdamente buenos, en los que el recuerdo de la belleza de ese Arcoíris que iluminó nuestras vidas con tu llegada disipa las nubes, renueva las energías y provee FE, AMOR, ESPERANZA y PAZ (esto solo puede ser obra de la gracia divina en acción, porque no hay otra explicación).

Hoy, a pesar de la añoranza que invade todo mi ser y de que yo como madre perdí mucho más que un embarazo y otra hija, tu paso por mi vida volvió a provocar en mí un cambio – definitivamente un hijo te cambia la perspectiva de todo – no sé si para mejor, solo sé que al menos te hace sentir y actuar diferente.

Es cierto, la muerte te arrebató de mi lado de forma abrupta, me golpeó y volvió a romperme el corazón, pero ésta vez me hizo consciente de que hay algo que NUNCA podrá quitarme y es que el hecho de ser tu mamá Ana, me ha dado más de lo que esperé poder recibir, pues me enseñaste un poquito más de lo que ya sabía…

Aprendí que EL AMOR NUNCA MORIRÁ CON LA MUERTE. Al contrario, crece y se fortalece. Aprendí que el amor es mucho más que una palabra de cinco letras y más que un sentimiento. El amor está en la felicidad, en la alegría, en la luz, en la paz; pero también está en el sufrimiento, en la tristeza, en la oscuridad y en la tormenta…

Aprendí que el amor por los hijos es infinito y desde esa inmensidad me envuelve, me consuela, me levanta y me empuja a continuar recorriendo este camino…

Aprendí que gente que vive 100 años puede no dejar las marcas, las lecciones y la luz que ha dejado una criatura como tú.

Aprendí que la vida es corta y que hay que comerse el postre primero, porque el mañana es incierto y nadie lo tiene garantizado.

Aprendí que lo material no sirve de nada, porque si no sirve para evitar que tu hija se muera, entonces es inútil. Lo realmente importante es lo invisible a los ojos, como dice El Principito.

Aprendí a descubrir quiénes eran mis amigos de verdad y tuve muy poca paciencia con los que me perjudicaban. Uno se deshace de lo que no es importante.

Aprendí a interpretar las muchas señales que tú y tu hermanita me envían, las reconozco y las agradezco. Siguen siendo una parte de mí y de mi vida. Lo único es que no puedo verlas, pero sigo siendo la madre de dos hijas que viven en el Cielo.

Te enfrentaste a la muerte tan chiquita, solita, antes que yo, sin mí, y, lo hiciste con mucha dignidad; pero antes desafiaste los pronósticos médicos, ¿te acuerdas cuando decían que al nacer no llorarías y aun así LLORASTE de manera enérgica y potente? Conocer el sonido de tu voz en un maravilloso llanto fue música para mis oídos. Aprendí que quiero ser tan fuerte como tú Ana. Y por eso cuando caigo, no me quedo tirada mucho tiempo… Tal vez no voy a lograr tan alta expectativa, pero esa es mi meta. Quiero que mis hijas estén orgullosas de mí casi tanto como yo lo estoy de ustedes.

Aprendí que Dios existe y que realmente es bueno, aunque no lo entienda, porque a pesar de todas las veces que he peleado con Él por no compartir sus planes para mi vida, no me ha abandonado y su presencia misericordiosa la puedo sentir junto a mí, renovando mis ilusiones y mis ganas de seguir.

Quizás falten por vivir días de añoranza, de tristeza, de las miles de preguntas que se han quedado sin respuestas… Y se me empañará tanto el alma al pensarte Ana que se divisarán en mis ojos lágrimas, pero de una cosa puedes estar segura: aunque los años pasen, aunque el tiempo cruelmente siga su curso, yo no te olvidaré hijita… La vida me cumplió el deseo de tenerte, mi anhelada Bebé Arcoíris, representas esa razón de ser para no dejar de creer y cada vez que se dibuja uno en el Cielo, enseguida me invade nostalgia y te recuerdo…

Como ves Ana, me has dado más de lo que pedí y las cosas tan especiales que me hiciste sentir, siguen vivas y presentes muy dentro de mí, sigues viva en mis entrañas y en mis brazos que te extrañan; en mi amor, en mi corazón que te ama a su manera, a veces en silencio y en secreto, otras veces alzando la voz y gritándolo a todo pulmón, a ratos llorando por dentro, y así, he ido inventándome mis propias formas de expresión.

Es que uno muere cuando no queda nadie capaz de recordarnos, cuando las huellas de nuestro paso por la tierra se han borrado, cuando da lo mismo que hayamos nacido o no…Y aunque tu tránsito por este mundo parece breve, “eso” que tu llegada y tu partida generó ha dejado una marca imborrable.

Curiosamente, hoy se conmemora el ‘Día de los muertos’, Dios quiso llevarte de regreso a su lado justo en este día, como para hacerme desafiar y contrariar las tradiciones tan arraigadas de esta sociedad en la que los muertos pasan al olvido… Y como a mí me encanta llevarle la contraria a todo, me niego a que formes parte de ese sinsentido, a abandonarte o hacer de cuenta que no exististe, alzaré mi voz  hasta romper el tabú tan grande que existe frente a la muerte de los bebés, como si no importara, como si esas vidas no fueran de valor…

Los vínculos que unen a madres e hijos son imposibles de explicar. Los conectan incluso cuando parece que deberían estar rotos. Algunos vínculos desafían el tiempo, la distancia, los planos y la lógica, porque hay vínculos que simplemente tienen que existir. Yo sigo desde aquí fortaleciendo esos vínculos y hoy especialmente bendigo tu corta vida entre nosotros en la tierra Ana, ese tiempo me bastó para hacer eterno lo nuestro, a pesar de que hoy te recuerdo con lágrimas en mis ojos y de que la bipolaridad de este segundo duelo me hace tener sentimientos encontrados… Tengo la certeza de que Laura y tú viven y vivirán por siempre en este corazón de mamá, una mamá que sigue aprendiendo a maternar con los brazos vacíos, a honrar sus memorias y su corta pero significativa existencia… Las amo, las pienso, las extraño, las veo reflejadas en todas las niñas que son contemporáneas con ustedes y me consuela la certeza de saber que las dos estarán en esa última página del libro, “ESPERÁNDOME EN UNA NUBE, AL FINAL DEL ARCOÍRIS”…

 

Feliz Primer Angelversario Ana Victoria, siempre estarás presente en mi memoria, nunca olvides que tu Mamá TE AMA.

 

Por: Mariaolga Rojas Ramírez, mamá de Laura y Ana.

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