Las fiestas duelen tanto

La navidad duele.

El solsticio duele. La noche más larga, justo a los 6 meses de tu nacimiento, cuando todo se ilumina con velas para recibir de nuevo al sol.

Celebraciones, regalos con cariño, entre medio faltás tanto.

Al principio supe esconderme. Dejar que los turrones y las bengalas pasaran de largo mientras me dormía temprano y las velas que prendía eran todas para vos. IMG_5550

Hubo un año, ahí entre medio, donde recobré el aliento. No era ya cada estrella para vos, había más cosas en el arbolito aparte de lunas y corazones. Estabas más dentro, más íntimamente en mí. Callada, privada, quizás dolió menos.

Este año, curiosamente, me vuelven las ganas de celebrar. Lo que antes fue discreto, callado, casi desapercibido, este año se hace ritual, celebración en familia, comadreo, tradiciones que vulevo a descubrir, desayunos con familias, velas compartidas para tantos bebés queridos. Quiero hacer regalos y recibir regalos, preparlo todo lindo, con tiempo, con cuidado.

Quizás porque me animo nuevamente a celebrar, vuelve ese hueco donde retumba todo. Ese hueco que se hace espacio en la línea directa entre el útero y el corazón. El espacio que me abarca por completo, por dentro, donde creciste, donde moriste, donde vives por siempre. Se hace hueco y retumba todo, un poco frío, bastante solo, ese amor que se olvida de palabras y aturde, aturde.

Este año, como la idea era celebrar, celebramos para vos también, amor. Celebramos con fiestas para nuestros bebés que murieron tan pronto, fiestas donde nos juntamos mamás y papás en memoria y amor, decoramos un arbolito, compartimos pan dulce y roscón y nos hacemos regalos. Velitas preparadas con cariño, velitas para nuestros bebés. Algo hecho con amor, algo especial para nuestras hijas e hijos. Una vela que nos acompañe en cenas largas, en noches de frío y silencio. Una vela que brille solo para vos, hecha para vos, solo para vos. Una vela que dice que importás, que estas fiestas son nuestras, y te extraño.

Donde antes no podía celebrar, ahora te encuentro. Con un nuevo dolor agridulce, dolor de tu ausencia, y dulzura de tu eterna presencia.

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