Sobre el tiempo y un nuevo año

time

Yo solía estar enojada por el paso del tiempo. Ese tiempo que, según dicen, lo cura todo. Para mí, el tiempo no arreglaba nada. Pasaba, y yo me sentía igual de miserable.

Con el tiempo ocurre que la memoria, de por sí poco clara, con cada año que pasa se va desdibujando. No hablo de mí, sino de la gente. Si para mucha gente lo que me pasó no fue muy importante en su momento, pues, pasado el tiempo lo es menos. Cada año que pasa me aleja un poco más de aquel agridulce 2010 que marcó mi vida, y sería natural pensar que ya no me importa, o que ya no me duele que mi hija haya muerto hace casi 8 años.

En fin.

Tengo ya todo tan integrado a mi vida que no necesito diariamente pensar en eso que nos pasó todo el tiempo: no en la tragedia, porque está implícita en el hecho de que yo no tenga a mi hija físicamente; pero su ausencia se deja sentir todos los días. Y en eso sí caigo en la cuenta muy seguido. Y en eso sí pienso. Y la extraño.

Ya no recuerdo todo con lágrimas en los ojos, pero cuando lo hago, aún se me quiebra la voz.

¡Y claro que duele todavía! ¡Imagínenlo! ¡Casi 8 años después!… pero ya no es ese dolor punzante del principio. Así que en cierto sentido, la gente tiene razón: el tiempo ( pero no solo su paso, sino todo lo que sucedió en el ínter ) hizo un gran trabajo y hoy puedo seguir viviendo sin estar hundida en la tristeza, ilusionarme con el futuro, hacer planes, reír a carcajadas.

Logré vivir por las dos. Recordándola siempre con amor y con nostalgia. Recordándole a las personas, siempre que es necesario, que existió una niñita llamada María, que aunque no conoció vida fuera de mi vientre, fue y es una parte importantísima de mi familia. Que sí, que ya pasó mucho tiempo, pero no por eso yo me olvidé de ella.

No puedo decir que encontré las respuestas que me dejen satisfecha del por qué mi hija murió, pero ahora que sé que nunca las tendré, descubrí cierta paz. Sin el desgaste de esa búsqueda inútil, mi alma hecha pedacitos logró recomponerse poco a poco. No encontré total tranquilidad, pero sí la suficiente para continuar mi viaje por la vida sin sufrir de más.

Todavía me duelen los comentarios desafortunados cuando suceden, como un golpe en el estómago que me deja sin aire. Pero ya hay más días buenos que malos.

Ahora ya no odio el paso del tiempo. Ahora tengo la esperanza de que algo bueno está por venir. No como una “recompensa” como te dicen a veces, porque eso implicaría que mi hija murió para que yo pudiera obtener algo mejor y nunca habrá nada mejor que el que ella se hubiera quedado conmigo; sino con la certeza de que llegará porque lo merezco. Porque todos merecemos una segunda oportunidad de ser completamente felices después de tanto dolor. Cualquiera que sea la definición que cada quien tenga acerca de la felicidad.

Así que, ¡Qué venga lo bueno que esté por venir! Nos lo merecemos. Y como cada año que empieza es una buena oportunidad para forjarnos una mejor vida, yo deseo que este año encuentres la paz que necesitas, el consuelo, la tranquilidad y las ganas de vivir. Ojalá este año sea mejor que el pasado. Ojalá haya muchas sonrisas en tu futuro.

Ojalá nuestro bebés dejen de ser la tragedia que nos pasó y se conviertan solo en la alegría de cuando los tuvimos con nosotros.

 

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