“Eres tú mi madre?” | O mi lección más valiosa para despedir a Mirar.

Conocen el cuento del Dr. Seuss “¿Eres tú mi madre?” es la historia de un pajarito que nació justo cuando su mamá no estaba en el nido y decidió salir a buscarla. Un pequeño que a cada animal que encontraba le preguntaba “¿Eres tú mi madre?” al gato, a la gallina, al perro… al final fue adoptado por una perra que no podía tener cachorros y lo engañó. Se mimetizó tanto con ella que ante el pasar de otros pajaritos que volaban y se veían igual que él, no cuestionaba su identidad ni se alejaba de su mamá perra. Es un pajarito que jamás voló. Aunque podía.

Luego de la pérdida de mi bebé fui igual a ese pájaro. El destino me tiró del mundo ¡Voy a ser mamá! a un mundo que realmente no estaba preparada para afrontar. Ludmila me hacía valiente. Sin ella, por muchos años anduve perdida buscando en otros el consuelo, el amor y la fuerza que necesitaba para salir adelante. Así que al igual que ese pajarito fui preguntando algo así como “¿Eres tú mi salvador?” a demasiadas personas. La pérdida de mi primer bebé no me cortó las alas, pero yo creía que sí, por lo tanto actuaba como un pajarito que se creía perro sin darme cuenta.

Hasta que un día luego de mucho, me encontré sin ninguna de esas personas que fueron mi círculo por años y me di cuenta que al fin era libre y estaba lista para volar. Me di cuenta que había estado buscando fuera lo que tenía dentro, listo para usar como las mejores armas sanadoras que jamás supe que existían. Me tenía a mi misma, entera, entera… entera. No rota, no a medias, no con las alas cortadas. ¡Mis alas nunca se cortaron!. Mi problema era yo misma, pero mi cura también.

Realmente no importa lo que dio el puntapié para iniciar el cambio. Lo que importa es el trabajo que tuve que hacer: amarme y perdonarme deshaciéndome de la culpa, dejando de buscar algo malo en mí que explique todo lo que nos pasó con Ludmi. Lo que nos pasó fue la vida misma. Ubicar cada cosa en su lugar, Lu es un hermoso recuerdo, es ese tesoro de hija que vivió dentro mío. Pero no es el resto de mi vida. Fue llevándome de viaje, ver a Coldplay en primera fila y mucha terapia. Fue volviendo a vivir.

No sé a qué mundo pertenezco, tampoco busco pertenecer a alguno en particular. Pero en estos últimos años, curiosamente, los pájaros me siguen y hacen nidos en mi jardín y mi dormitorio. Sí, adentro.. y lo tomo como un constante recordatorio de que al aprender a quererme y amarme, aprendí a volar. Todas tenemos alas, está bien deambular como el pajarito que busca y busca encontrar algo que lo sane y reconforte. Pero por favor, que sea una meta el trabajar para estar listas y llegar a soltar, perdonarnos y encontrarnos. Hoy creo que esa era la misión de mi duelo y todos esos años raros.

¡Hasta siempre Mirar al cielo!  de corazón, mis mejores deseos para todas nuestras seguidoras. Mi más grande abrazo para todas. ¡¡¡NO ESTÁN SOLAS. SE TIENEN A USTEDES MISMAS!!!

El cuentito completo: http://the-toast.net/2013/11/27/mother/

en la Cappadocia, volando 😉

en París, en el puente del amor (pont des Arts) escribí nuestros nombres ♥

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