Un paso más

Muchos sueños rotos, litros de lágrimas derramadas, muchas ilusiones apaleadas, miles de tiritas en el corazón, soledad a veces buscada, soledad muchas veces encontrada sin quererla. Días, semanas, meses, años pasados, heridas cuidadas con mimo, ternura a raudales en los recuerdos, miedos, risas sinceras…

Tras ya unos años hecha palabra, donde todo lo que pasaba por el corazón me salía hecho tinta, me encontró Mirar, ni siquiera recuerdo bien cómo, supongo que a veces comentaba sus escritos, no sé si buscando ayuda o ayudando, lo que sí recuerdo es como me sentí cuando me pidieron ser colaboradora y escribir en Mirar al Cielo, me sentí…aterrada, a punto estuve de decir que no, yo no sabía escribir, (no soy escritora ni nada que tenga que ver con las letras, yo curo, pero otro tipo de heridas), tan solo era una madre, ya una madre reconocida por todos con dos hijas visibles, pero sobretodo era una madre herida sin su cachorro, decidí decir que sí, no sé por qué, quizás justo por eso. Me sentía fuera de lugar, tenía que hacer una presentación para ponerla en la página, ¿una presentación?, ¿qué iba a decir de mí?, ya eso me resultó difícil, ¿¿por qué había dicho que sí??, y empecé a escribir, los temas iban saliendo, generalmente de forma salvaje, no meditada, viscerales, a bocajarro, palabras sin pensar, vividas, sentidas (vomitadas, como ellas saben que las llamo). Y así seguí creciendo junto a los recientes pasos de Mirar y de Fer.

He aprendido muchas cosas junto a Mirar, algunas hace muy poco, cuando ya considero mi camino recorrido, y no porque el camino acabe sino porque se ha vuelto recto, sin piedras ni altibajos. He tardado casi 11 años en ver por qué cuando escribía mi historia no podía hacerla sonar dulce como yo quería, sonaba atropellada, como un texto leído sin puntos ni comas, un texto que a mí me ahogaba, no podía sonar de otra manera por eso, porque fue justo como pasó, de forma atropellada, así es mi historia, así soy yo.

Poco a poco me fui quedando sin palabras. No, simplemente ya no existía la necesidad de escribirlas, de gritarlas, además de que ya lo había escrito todo…

Con Mirar he compartido mi alma entera, con Mirar me he permitido todo, caminar, saltar, caerme, me he permitido caer en el pozo de nuevo cuando ya hacía años que todo estaba bien, me he permitido enfadarme, dar gracias, sentirme orgullosa, ser tierna, desahogarme, dedicar mis palabras a quien recién empieza su camino, a quien lo empezó conmigo, a mis hijas y sobretodo a él, a mi dulce niño, mi bebé eterno, Víctor. Por él soy quien soy, por él llegué aquí, por él conocí a Fer, a Mirar, a un montón de grandes mujeres con historias aún más grandes, llenas de amor y dolor. Lo que nos ha unido es irrompible, ¡este es el gran regalo que tú, Fer, me has hecho a mí!

A las mamis que nos leen gracias por hacerlo, gracias por las palabras, gracias por lo que vosotras nos habéis enseñado, perdón si alguna vez hemos compartido un sentir diferente, perdón si no hemos tocado un tema que necesitabais o no hemos sabido hacerlo. Adelante, seguid gritando su existencia, ¡no estáis solas!

Mirar al Cielo cierra su ciclo, tan solo es un paso en la vida para seguir creciendo.

Fer, eres grande, Mirar cierra pero a ti te sigo teniendo, cerquita a pesar del océano, y a vosotras, chicas, igual, os quiero a todas en mi día a día, sé que os tengo.

Un beso a Mirar al Cielo, nunca lo dejaré de mirar.

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